viernes, 15 de febrero de 2013

Haciendo camino al pensar



El tempranero árbol florido, en la carretera de Papoi

He recuperado las caminatas diarias después de un período inmovilizado por la pereza.  Estas caminatas cubren dos objetivos: el primero, como cualquier mortal intuirá, mover el esqueleto y pelearme con las "goteras" y en segundo término hacer una tregua en lo que son mis ocupaciones habituales para dedicarme exclusivamente a pensar. Sí, sí, mientras camino, durante una hora y cuarto (si hago la caminata corta) con música de fondo que me trae y lleva el mp3 inalámbrico, suelo dejar aclaradas algunas cuestiones, exploro en argumentos para cargarme de razones, trazo las líneas de una inminente intervención, reviso criterios para un futuro trabajo, maduro posibles iniciativas...es decir, tampoco caminando pongo en reposo las neuronas que, por otro lado, todos los facultativos aconsejan mantener en actividad, llegados a determinadas edades, como es mi caso. Parafraseando al poeta, hago camino al pensar. Hoy rompió mi "línea de trabajo", un árbol que a mediados de febrero anuncia la primavera. Es un árbol que acaba de florecer. El único que localicé en el trayecto. "Ipso facto" le disparé un par de fotos, una de las cuales ilustra esta serena reflexión. Me dio una gran alegría. La primavera, época del año en la que, como todo el mundo sabe, la naturaleza se manifiesta en su apoteósico esplendor, es mi estación preferida: Pero, con mucha distancia de cualquier otra. Pues, iba yo recreándome imaginariamente en un bucolismo, siempre presente en la zona rural en la que habito, y en el milagro de la naturaleza regenerada cuando el propio vocablo -regeneración- se instaló en mi pensamiento causando el efecto de una imagen en movimiento que, de repetente, se congela. Claro, suelo salir  encima de comer y después de ver toda la panoplia de sinvergüencerías que, como es su deber,  relatan los informativos. Resulta inevitable la asociación de ideas.  Al pie del árbol florido, opté por entonar una oración laica, invocando la regeneración, acariciando la primavera de las ideas, soñando con el amanecer de una sociedad limpia y el fin de la democracia del pelotazo, de los recortes, de los endemoniados desahucios y de las injusticias sociales. Reza el refranero popular que la primavera la sangre altera. Pues a ver si es verdad. A ver si el árbol florido que ayer descubrí es el preludio de un tiempo diferente, de un tiempo mejor. Amén.