sábado, 29 de marzo de 2014

El grito que no cesa: los astilleros, peor que nunca

Era diciembre del año 1988 cuando el periodista titular de este blog
daba voz a las organizaciones sindicales leyendo un comunicado
que estas habían elaborado
(Foto, archivo del autor)
El domingo se celebra una manifestación más en demanda de empleo y de la reactivación de los astilleros de la ría. Seguro que, también una vez más, los ciudadanos y ciudadanas de Ferrolterra responderán como dios manda. Nos va mucho en ello. La movilización ha despertado el apoyo unánime, incluidos los alcaldes del PP que invitan a sus administrados a participar. Allí también estará el que suscribe, para poner voz a los comités de Navantia y delegados de las industrias auxiliares que han elaborado un manifiesto al que me han pedido que dé lectura. No es la primera vez que cumplo ese papel. En la dura etapa del desmantelamiento industrial, las organizaciones sindicales han solicitado también mi colaboración y allí, subido al balcón de la casa consistorial, he proclamado las razones que otros escribieron. En aquella histórica etapa en el punto de mira estaba el PSOE. Habíamos sido elegidos por el equipo de Felipe González como chivo expiatorio. Éramos la cabeza que se entregaba en bandeja a la UE, sometida a la presión de los astilleros europeos que veían como en la ría de Ferrol se había erigido un emporio, de cualificada mano de obra y depurada ingeniería, que les estaba haciendo mucha "pupa". Aquí se botaban aquellas grandes moles de acero de más de 300.000 toneladas, en la vieja Astano, que, luego, en un "plis plas", ya con el veto a cuestas, se recicló para convertirse en el número uno en el sector off-shore y protagonizar el primer lanzamiento desde grada de una pataforma de prospección petrolífera. Y en la antigua Bazán lo mismo se hacía cirugía naval, operaciones de corta y pega, que se construían los más sofisticados buques militares, llegando con el tiempo a ser España (Bazán-Ferrol), el primer país que construyó unidades navales para las marinas de terceros países. Ese es nuestro potencial, esa es nuestra tradicional línea de actividad, ese es nuestro saber hacer y nuestras "armas" que aquel famoso decreto de la Reconversión nos quitó. ¿A cambio de qué? A cambio de nada. Nos han dejado compuestos y sin novia, permítase la licencia. Ni PSOE ni PP, en el curso de sus alternancias en el Gobierno, han sido capaces o, casi mejor, han querido compensarnos como sí hicieron con otros astilleros. Hoy, en situación peor que nunca, el grito de Ferrolterra debe de ser unánime, alto y claro.