jueves, 6 de marzo de 2014

Ante el fin del veto a la vieja Astano ¿qué de qué?

Aquellas masivas asambleas de trabajadores de Astano, de finales
de los años setenta y principios de los ochenta, que se
celebraban en la barriada de San Valentín (Fene), son ya páginas
para la historia
Una generación, quienes ahora tienen veinticinco años, no ha tenido la oportunidad de asistir a la botadura de un barco en Astano, después de que este astillero cubriera páginas gloriosas en la construcción naval mundial. "Sic transit gloria mundi". Hoy, un cuarto de siglo después de que el gobierno de Felipe González nos inmolara ante la exigencia de la UE de reducir capacidad de producción, estamos en vísperas -será el año que viene- de que necesariamente haya de levantarse el dichoso veto y nada ni nadie se mueve preguntando qué va a ocurrir. En estos años de atrás, se ha estado reivindicando insistentemente el fin de la prohibición, mociones, acuerdos, unanimidades, el propio ZP hizo bandera de la demanda, todos a favor de que contra la crisis que nos carcome nos autorizasen a construir barcos, pero en vano fue el esfuerzo y ahora que se acerca la hora de la verdad da la impresión de que estamos absolutamente desorientados. ¿Que va a ocurrir pasado mañana, dicho sea en tono metafórico? Es la pregunta del millón que, sin embargo, los partidos parecen tener miedo o temor a hacerse y tramitar en los foros parlamentarios pertinentes. Se levanta el veto ¿y ahora qué? Claro, la respuesta no es nada fácil y si nos ponemos realistas casi diríamos que ahora que se nos autoriza no podemos y si vamos más allá podríamos añadir que para las grandes formaciones políticas el viejo, Astano hoy Navantia-Fene, ha quedado ya amortizado.  El centro fabril cuenta actualmente con unos doscientos trabajadores. Los mandos cualificados, la ingeniería, colectivos elementales para poner a andar la grúa pórtico, han quedado borrados del mapa. Es posible que esta sensación que uno transmite sea la que vive mucha gente de Ferrolterra. ¿Cómo recomponemos ahora lo que se ha desmantelado con premeditación y alevosía? La venta o alquiler de las instalaciones puede que sea el destino final, una vez que haya caducado el vigor del dichoso veto. Y si alguien activa la fuerza de la imaginación y contempla otras posibles soluciones que las vaya poniendo a remojo porque el 31 de diciembre está a la vuelta de la esquina. De todas maneras, uno que ya tiene cierta edad, está convencido de que los ferrolanos o ferrolterranos suelen crecerse ante las adversidades y tampoco es el momento de arrojar la toalla. Veremos a ver, vienen elecciones europeas, qué milongas nos cuentan  y como juegan con nuestro futuro. ¿Hasta dónde el compromiso leal? ¿Hasta cuándo la falacia y la demagogia?