lunes, 26 de mayo de 2014

Serio aldabonazo al bipartidismo

Los electores reflexionaron el sábado y los resultados han quedado de manifiesto anoche. Ahora falta que reflexionen las formaciones políticas y vamos a ver cuales son sus conclusiones. Si hablamos de fracasos, el primero hay que adjudicárselo a la demoscopia. Los resultados y encuestas, en claro desencuentro. Deben de hacérselo mirar los estudiosos. En segundo lugar, el descalabro del bipartidismo, que no ha quedado en la calle, pero ha empezado a bajar las escaleras. Es evidente que estamos ante un fin de ciclo, que el papelón de las dos grandes formaciones, como Gobierno y como oposición han provocado el fenómeno del que ya se venía hablando, que no es otros que la desafección y, por consiguiente,  la regeneración es una exigencia perentoria. Pero está claro que esta no puede venir de la mano de quienes se han sumergido en las cloacas de la corrupción, el desenfreno y el despilfarro. La credibilidad ha caducado. Y en esto tienen mucho que ver los dos grandes partidos. Era penoso ver el gesto de María Dolores de Cospedal y Arias Cañete que queriendo transmitir la imagen de celebración porque a fin de cuentas han sido los ganadores, pero la pose antes la cámaras de televisión traicionaban sus intenciones. La prueba más evidente del malestar de sus seguidores es que, según narraba una periodista, solo acudieron a la sede de Génova en número de seis. Hubo que retirar el tenderete y apagar las luces de la "fiesta". El horno no está para bollos. Elogiada en las tertulias la actitud de Elena Valenciano. Admitió el mal resultado y punto. Lo que ha venido sucediendo en la dirección de este partido no tiene justificación alguna. Rubalcaba y los suyos se han empeñado en dar la espalda a la realidad, amarrarse a la poltrona y hacer una oposición totalmente flácida. La gran noticia o la gran novedad viene dada sin duda por el éxito alcanzado por Podemos, que en cuatro meses ha logrado nada menos que cinco representantes. Ha surgido otro Pablo Iglesias que parece querer encabezar una rebelión cívica para desalojar del poder a "los partidos de la casta", como él ha venido adjetivando al PP y PSOE. Y en Madrid se ha convertido en la tercera fuerza y por muchas ciudades de España han cosechado, en mayor o menor medida, votantes. Esperemos que este líder y movimiento emergentes administren como es debido al triunfo, de lo contrario, el globo, dicho sea en plan metafórico, puede desinflarse y ya sería una pena porque hacen falta otras formaciones, con ideas renovadoras y programas de cambio que acaben con el hartazgo que se percibe en la ciudadanía. Hay otros aspectos que quedan por comentar como el triunfo de ERC, el independentismo galopa, o del propio PSOE en Andalucía, Extremadura y Asturias. Versos sueltos, pero indicadores de la necesidad de nuevas ideas y nuevos líderes. Habrá tiempo a ahondar, si fuere el caso.