domingo, 4 de mayo de 2014

Canido en fiestas: mis recuerdos personales

Estas fotos reflejan el nivel de camaradería que se vivía
en el barrio de Canido en los años setenta. En la foto
de arriba, en la fila de atrás, guitarra en ristre, el que
suscribe. Abajo, los comensales de la paella.
(fotos de mi álbum personal)
Canido está de fiestas, la Santa Cruz de mayo. Canido es mi barrio de adopción en el que residí durante cuarenta años, en Pintor Máximo Ramos, primero, y en Celso Emilio Ferreiro, después. Por cierto, dos nombres de significados artistas e intelectuales, tal vez símbolos de la sensibilidad que anida en este tradicional núcleo urbano. Canido, su historia y sus gentes, como no podía ser de otra manera, figurará para siempre en el libro de mi vida. Aunque mi trabajo en el periódico y mi compromiso con la cultura, a través del Club de Prensa de Ferrol, me abstraían mucho e impedían una integración plena en la vida del barrio, no obstante son muchas las experiencias y episodios convivenciales que jalonan mi peripecia existencial en contacto con aquella vecindad, tan familiar y entrañable. El hecho de ser consorte y cuñado de las hermanas Del Río, fundadoras del primer Colegio San Rosendo, en la calle Alonso López, muy cerca de la Domus e incluso haber impartido algunas clases en materia de letras y, sobre todo Latín, cuyos conocimientos me venían dados de mi estancia en el Seminario y ser persona de apoyo (conductor) de una furgoneta, primer transporte escolar del centro, favorecieron el contacto con muchas familias, vecinas del barrio y de otros puntos de la ciudad y periferia. Todo esto lo hacía en tiempo libre, cuando yo pertenecía a la plantilla del Ferrol Diario. La circunstancia de ser compadre del llorado Ángel Bouza -sargento buzo de la Marina, fallecido en accidente cuando revisaba el fondo de un barco de guerra en el País Vasco-  y María Jesús, padrinos de mi segunda hija, me condujo a la integración en alguna pandilla del barrio que celebraba, sobre todo en verano, encuentros gastronómicos y "canfurnadas" varias: sardinadas, churrascadas, paelladas, etc., momentos de ocio y solaz que nos venían muy bien, lo mismo que hoy, para despistarnos de los problemas cotidianos. Entre mi compadre y yo adquirimos un bajo de la Cooperativa de Viviendas Santa Cruz, que luego nos repartimos a la mitad. Él quería establecer allí un estudio y laboratorio de revelado, pues le gustaba mucho la fotografía, pero la muerte segó todos sus proyectos y ambiciones,  y yo, inicialmente, lo utilizaba para guardar mi auto, pero luego llegó a ser la sede de la delegación del Faro de Vigo que monté, cuando cerró el rotativo local Ferrol Diario. Era el Canido de los años setenta y principios de los ochenta, cuya actividad social y deportiva giraba fundamentalmente sobre dos personas que ya no están: el cura Gabriel Vázquez Seijas, que bautizó a mis dos hijas, y Lili Arias, presidente durante muchos años de la Sociedad Cultural, Recreativa y Deportiva Canido. Dos vecinos muy cualificados, con una entrega generosa a los intereses y causa del barrio y una talla humana impresionante, que concitaron el reconocimiento y aprecio de todos los canidenses. Aquel barrio ha experimentado en la última década una, en ocasiones controvertida, expansión urbanística, que tiene pendiente, pero ya presupuestado, un centro cívico. Aquel barrio es hoy el Canido de las "Meninas", en donde se reúnen numerosos pintores que durante una jornada utilizan las fachadas de edificios desocupados para expresar su arte, pero que, en definitiva, se trata de un movimiento contestatario contra el abandono que todavía sufre el entorno en algunos aspectos. Precisamente, para una revista que editaron los artistas Eduardo Hermida y Avelino Castro, promotores de este movimiento, escribí hace algún tiempo un pequeño trabajo que terminaba con una concesión a la nostalgia, a la historia y a la leyenda de Canido, "del Canido rodeado de viejas murallas, erguido sobre su castro, dominando la ciudad, del Canido poblado por gentes que sobreviven a caballo de la industria y de la agricultura, del Canido del "Tío Dios", y "Pimborete", del Canido de las batallas a pedradas, los jueves contra los de Ferrol Vello y los domingos contra los de Esteiro, del Canido del Crucero, la Tahona, la milagrosa agua de la fuente de Ínsua, Cangrexeiras y Molino del Viento..." Este artículo terminaba con el histórico "grito de guerra" ¡Canido, tente firme!" que hoy renuevo con fervor.