lunes, 11 de marzo de 2013

Una ferrolana para la leyenda




Perfil de la bella "Pepita" ferrolana

Estampa, una revista de los años treinta del siglo pasado, referente del periodismo gráfico de la época (que yo consulté en la hemeroteca digital de la BNE), había publicado un reportaje que firmaba Pedro Arenas. El periodista descubre a "miss Pepita", una española de El Ferrol (sic, como puede verse en la ilustración) que cuenta como los bolcheviques detuvieron y mataron a su marido, acusado de haber intentado pasear a Lenin sin pantalones, esto es, en calzoncillos, por las calles de Moscú. Arenas empezaba de esta guisa "Que Pepita es gallega y bailarina, como Carolina Otero, y que actuó mucho tiempo en el Piccadilly-Theater de Londres es casi todo lo que sé de esta bellísima mujer con la que estoy hablando en una sala de té de Barcelona" Agrega el narrador que Pepita es el nombre artístico "pero el verdadero no quiere que aparezca en los periódicos por no mezclar en sus aventuras a la familia ferrolana a la que pertenece". Resulta, resumo, que la tal Pepita estuviera casada con un oficial de la Real Aviación Británica que privadamente era el agente del Servicio de Inteligencia (espionaje inglés). Pepita dice que lo conoce en un verano de 1924. Siempre se situaba solo en el Piccadilly-Theater y apenas hacía gesto alguno durante la actuación de Pepita. Era incluso motivo de mofa por su enigmática actitud. A todo esto, la bailarina ferrolana recibía orquídeas de un admirador anónimo y un día unas compañeras le dijeron "mira que si las orquídeas te las manda ese misterioso hombre". La carcajada fue general. En efecto, al final de una de sus actuaciones, el inglés pidió entrar en el camerino y ahí empezó el idilio. La secuencia no tiene desperdicio, pero en aras de una prudencial brevedad (son tres páginas del reportaje), señalaremos que al que luego sería su marido en uno de los viajes que como espía hacía a Moscú le tendieron una emboscada y lo sacaron del medio. La muchacha de Ferrol no volvió a ver a su marido desde el día que lo despidió en Londres, pensando que era un buen burgués pacífico que iba  a Berlín a cuidar su hacienda, que era lo que realmente le había contado cuando le declaró su amor, de modo que las aventuras y la muerte del capitán  Sidney Reilly en Rusia las llega a conocer por las referencias que le han dado personas que lo habían visto por Berlín y Varsovia y, sobre todo de un agente ruso al que el servicio secreto inglés hizo hablar. El plan que trazaba Sidney Reilly era tumbar a los bolcheviques a través de un golpe de Estado. Reilly no pensaba matar a los líderes comunistas, se contentaría con meterlos en la cárcel después de pasearlos en calzoncillos por la ciudad. "Lo que nos hace falta -confía a un amigo- es ponerlos en ridiculo. Un hombre al que se ha exhibido por las calles sin pantalones no puede volver a ser dictador, así que fusilarlo es superfluo". Una confidencia descubrió la conspiración y mataron al urdidor de aquella trama. Luego los bolcheviques difundieron una nota en la que decían que unos contrabandistas habían intentado atravesar la frontera rusofilandesa, teniendo que hacer fuego los soldados rojos "resultando muerto uno de los contrabandistas que respondía al nombre de Sidney Reilly".  Para terminar, el hecho de que esta bailarina se hubiera puesto el nombre de Pepita es todo un indicador de su ferrolanía. A los ferrolanos no nos extraña. Precisamente el "día de las Pepitas", tradición secular y exclusiva de esta ciudad con la que se agasaja a las mujeres ferrolanas, está ahí, a la vuelta de la esquina, el 18 de marzo, pero eso lo contaremos otro día.