jueves, 21 de marzo de 2013

Un amigo que se fue


Antonio Rodríguez Pena, segundo por la izquierda, de pie, en
la cita anual de exseminaristas
Me duele hacer la necrológica de un amigo, excompañero, y excura que me casó. Hablo de Antonio Rodríguez Pena, hasta ayer, que falleció, presidente de Mensajeros de la Paz, mano derecha del popular Padre Ángel. Rodríguez Pena estuvo vinculado a Ferrol como cura castrense (capellán de la Armada) etapa en la que nos reencontramos después de haber sido condiscípulos en el Seminario de Mondoñedo. Fue en ese período cuando el que suscribe decide casarse (1968) y elige, cosa que no le gustó mucho al cura de la parroquia de Esmelle, a Antonio Rodríguez para que bendijera la unión, emplazamiento que éste aceptó de muy buen grado, como yo esperaba. Por cierto, le había pedido a otro sacerdote, también fallecido, Javier Méndez Pérez, sobrino del que fuera capellán de la antigua Bazán y promotor de la Polifónica Ferrolana, que amenizara la liturgia, papel que desempeñó a las mil maravillas. Permítaseme un paréntesis. La figura del P. Javier Méndez es de especial recuerdo para los aficionados racinguistas, ya que fue el autor de la música del himno del histórico club de fútbol ferrolano. Recuperando el hilo de la narración, añadiré que anualmente nos veíamos con Rodríguez Pena en la reunión que los exseminaristas de la promoción del 1954 ¡qué lejos queda! celebramos en la urbe mindoniense. Siempre me preguntaba "¿sigues manteniendo la pareja que yo casé?" Le respondía afirmativamente y acto seguido concluía en tono de broma "hice, entonces, un buen trabajo. Con otros no ocurrió lo mismo". Rodríguez Pena andando el tiempo llegó a colgar la sotana, se casó, formó familia y el Padre Ángel de Mensajeros de la Paz lo fichó para la ONG en la que acabó siendo su presidente, como ya se dijo. Solía acudir al centro de acogida de mayores "Mi Casa" de Ferrol, dependiente de dicha organización, con motivo de un festival que programan para los internos anualmente. Antonio era muy querido por todos sus excompañeros. Tenía un carácter afable, derrochaba simpatía y carisma, sobresaliendo por encima de todo su gran talla humana. Extraordinario el trabajo que venía haciendo con Mensajeros de la Paz, viajando constantemente de aquí para allá, interesándose por el buen funcionamiento de los establecimientos geriátricos. Estamos convencidos de que el Padre Ángel lo va a echar mucho de menos. Lo mismo que nosotros, sus antiguos compañeros. Lo recordaremos siempre, de manera particular en la cita agosteña de Mondoñedo. Hoy, jueves, se oficiará a las cuatro de la tarde un funeral en Burela (Lugo) de donde era natural. Descanse en paz el amigo.