jueves, 7 de marzo de 2013

La Magdalena, para las gaviotas


Este día circulaba por la calle Dolores y vi ese letrero que ilustra la foto. No sé si porque era de dimensiones considerables o vaya usted a saber, porque no es novedad alguna lo que dice, pero ni corto ni perezoso tiré de móvil, seleccioné cámara y capté la imagen. No sin que unas señoras que tomaban café en una terraza aledaña se me quedaran mirando, primero a mi y después torcieron la cabeza buscando lo que yo retrataba. Lógica curiosidad. Yo también lo haría. Seguí camino pensando que como este comercio que anuncia su cierre por liquidación muchos otros han echado el candado con anterioridad. El barrio de la Magdalena, el ejemplo del urbanismo racionalista y cartesiano, la famosa tableta de chocolate, joya deiciochesca, con calles en línea y perpendiculares, se nos cae a pedazos, se desertiza, se deshumaniza. La decadencia asoma desde hace tiempo su peor cara. La pujanza de aquel comercio de antaño de la zona centro es ya historia, pura nostalgia, en todo caso. En parte por la crisis, que Ferrol y su comarca sufren con doblete -primero fue la de la construcción naval y ahora la de la burbuja inmobiliaria- y en parte porque tiene uno la sensación de que los  guardianes y tutores de las esencias del patrimonio histórico no han sabido conjugar la defensa de la tipología urbanística con las necesidades que planteaba un sector  en constante modernización, azuzado por las grandes áreas, como es el comercio. Preservar la fachada no excluye con flexibilizar la norma con el objeto de habilitar espacio en consonancia con la imagen y demanda actual. Ahora nos quedamos con las galerías en ruinas y un casco histórico cada vez más deshabitado, con una penosa imagen de penuria y en muchos casos hasta de abandono. ya me dirán que hemos ganado. De verdad, al ver el anuncio de esa tienda, me entró la pena y cierta indignación. En plazo breve, la Magdalena, para las gaviotas.