sábado, 23 de marzo de 2013

Del dique de la campana al dique flotante


Creo que cualquier excusa es buena si se trata de recuperar e incorporar a la memoria colectiva de la sociedad actual aquellos hechos y figuras que están en nuestra intrahistoria, en no pocas ocasiones envueltos en el manto del olvido. Viendo la relación de efemérides que acostumbro a revisar -con la cautela de que a veces en las fechas hay errores que se reproducen de unos a otros-  hallo que tal día como hoy, 23 de marzo de 1873, hace justamente 140 años, se iniciaban las obras del dique de la campana e inmediatamente se me ocurre establecer el paralelismo para el titulo de este post: del dique de la campana al dique flotante, ya que este último está en el clamor de los trabajadores ferrolanos para el establecimiento de un centro naval de reparaciones, como paliativo a la carencia de pedidos de nuevas construcciones navales militares, que es lo que sigue siendo una seña de identidad de esta ciudad y su comarca. Sin duda, la construcción de barcos va desde la propia transformación de villa en ciudad en el ADN de los ferrolanos. También el dique de la campana fue considerado en su momento por nuestros ancestros como una infraestructura decisiva para la proyección de los astilleros de la ría ferrolana en el competitivo marco internacional del sector. Tal es así que cuando se inauguro en agosto de 1879, seis años después de haberse empezado los trabajos, fue objeto de una gran conmemoración popular. A las 3 de la tarde del día 18 del mencionado mes de agosto se iniciaba el llenado del dique "por medio de vistosísimos y caprichosos juegos de agua, previa la bendición con asistencia del ministro de Marina y  y de todas las autoridades...corporaciones y prensa...constituyendo este acto la verdadera inauguración de esa obra colosal, orgullo de la nación española", reza una de las crónicas de la época extraída de El Correo Gallego. Aun cuando la iniciativa actual da vueltas y vueltas, va y viene en acuerdos y desmentidos, mareando no la perdiz sino la paciencia de la ciudadanía, hoy, 140 años después del comienzo de las obras de aquel dique de la campana, abrigamos la ilusión de que el dique flotante salga adelante más pronto que tarde. Vaya, que nos ponemos optimistas en lugar de llorar nuestra desesperanza.