domingo, 26 de abril de 2015

Una de las mayores catástrofes de la Armada, hace 120 años: hundimiento del crucero "Reina Regente"

El crucero "Reina Regente"
Portada de "El Correo Gallego" de
26-04-1895
Revisando mi particular y limitada hemeroteca me encontré con una portada de El Correo Gallego, entonces periódico ferrolano, que me llamó la atención por su enlutado aspecto. Volví 120 años atrás para refrescar la memoria. Sucede que a los ferrolanos, que somos una potencia mundial (en declive en las últimas décadas) en la construcción naval militar, y en la civil también, nos suenan todos los nombres de barcos, pero, a veces, no sabe uno contextualizarlos, sobre todo aquellos, como es el caso, cuya historia está situada en tiempos más lejanos. Me sonaba el hundimiento del "Reina Regente", pero no recordaba las circunstancias. Bueno, pues hice un repaso a la letra impresa del rotativo local, también consulté el libro "El crucero en la Armada española", de Carlos Fernández Santander (colección Empresa Nacional Bazán, año 1993) y pensé que, de la misma manera que lo tuvo para mi, podría tener interés para los amables lectores y lectoras de mi blog.
            El "Reina Regente" era uno de los cruceros presupuestados en la Ley de la Escuadra de 1887. Se había construido en Inglaterra y fue botado el 24 de octubre del mencionado año en los astilleros Thomson de Clyde, entregado a la Armada española al año siguiente, con una dotación de 420 hombres, que embarcaron en Glasgow. Las características elementales: desplazamiento, 4.725 tons., eslora, 96,2 metros, manga, 15,2 metros, puntal, 8,92 metros, calado, 6,2 metros, potencia de la máquina, 11.500 H.P. y velocidad, 18 nudos. Llevaba cuatro cañones de 240 mm, 6 cañones de 120 mm, otros seis de 57 mm, dos ametralladoras y 5 tubos lanzatorpedos fijos. Había costado seis millones de las antiguas pesetas.
            En su corta vida, tuvo presencia en Barcelona con motivo de la Exposición de 1888, una visita a Génova en 1892 durante las fiestas del cuarto centenario del Descubrimiento colombino y un viaje a Nueva York, desde Cádiz, llevando una reproducción de la nao "Santa María", obsequio al Gobierno norteamericano. Ya en este viaje, el comandante José Paredes advirtió cierta desproporción entre los pesos altos y los situados bajo cubierta. "Creo que sería conveniente cambiar la artillería principal por otra de menos peso...ya que con el mal tiempo embarca alguna agua" señalaba en su informe el oficial. En el diario La Voz de Galicia se decía que este barco "padece el defecto de cabecear mucho, tiene unas máquinas deficientes y un exceso de artillería"
            La tragedia comenzó un 9 de marzo de 1895, día en que el barco salió de Cádiz para Tánger "con objeto de llevar allí una embajada del sultán Sidi Brisha, que había tenido una reunión con autoridades del Gobierno", escribe Fernández Santander. Hacía mal tiempo y soplaba un fuerte viento. A la mañana siguiente emprendió el regreso rumbo a Cádiz desapareciendo para siempre. Algunos testimonios señalaban que el buque había sido visto luchando con el temporal. Días después empezaron a aparecer despojos del Reina Regente.
            En una playa de Ribadesella (Asturias) se encontró una botella lacrada que llevaba un papel en su interior cuyo texto era "10 de marzo de 1895, a las 9 de la noche, sin esperanzas de salvación y doce millas bajo Aceitera. Segundo del Reina Regente". El escrito fue enviado a Ferrol para que se analizase por los familiares del Segundo, Pérez Cuadrado, y descartaron que fuese escrito por el referido marino, además de que consideraban ilógico que, de acuerdo con las corrientes, una botella arrojada al golfo de Cádiz pudiese llegar al Cantábrico. El naufragio se atribuyó al "inesperado y duro temporal que lo hizo zozobrar". Fue una de las mayores catástrofes de la Armada española. No fue recuperado ni un solo cadáver de los 390 tripulantes.
            La anécdota: un marinero, natural de Cartagena, que se había emborrachado, se quedó dormido en Tánger y perdió el barco. Pero no la vida. El asunto del hundimiento provocó grandes discusiones en el Congreso de los Diputados. El "Reina Regente" había durado solo ocho años. En Ferrol, de donde era buena parte de la dotación, se llevaron a cabo solemnes y emocionadas exequias, de lo que informa con todo lujo de detalles la crónica de El Correo Gallego.