jueves, 3 de julio de 2014

Torrente Ballester invocaba hace 40 años un Ferrol de disciplina matemática e imaginación de poeta

Recorte del periódico local Ferrol Diario
Este es un año particularmente torrentiano. Recientemente, guiados por el sabio criterio del profesor y escritor Ponte Far, estudioso de la vida y obra del autor de Los gozos y las sombras, un grupo de personas hacíamos la ruta torrentiana con motivo del 25 aniversario de la creación del premio que lleva el nombre del escritor y que patrocina la Diputación Provincial de A Coruña, hecho del que ya me ocupé en estas "acotaciones". Pero es que, además de esta efeméride, se da la circunstancia de que es el año del 15 aniversario de su fallecimiento (1999), que ya se recordó en el pasado mes de enero, y el 40 de pregonero de las fiestas de verano de Ferrol. Y aquí me quiero detener para recuperar un discurso que retrata el Ferrol de su niñez y el Ferrol de la matemática y la imaginación que reivindicaba. Refiriéndose al Ferrol de los años de su niñez dijo "era una ciudad blanca y reluciente, me atrevería a decir luminosa, casi una ciudad de cristal". Torrente habló de las razones por las cuales "esta ciudad que estaba proyectada como una de las más bellas de Europa, no lo fue. Y como se ensayó aquí un sistema de venta de parcelas de casas que ahora se propaga por toda España". Pienso que se refería a las llamadas Casas Baratas o Viviendas Protegidas. 

Adujo el entonces no tan celebrado escritor -la fama y popularidad llegarían con la serie de Los gozos y las sombras, obra llevada a la televisión ocho años más tarde de que pronunciase este pregón- que la pobreza que siguió a la Guerra de la Independencia "hicieron de nuestra ciudad, una ciudad modesta". En otro momento manifestó "siempre que he hablado y hablo de mi pueblo destaco una característica que me parece ejemplar: como aquel Ferrol modesto, sobre todo económicamente modesto, supo vivir con dignidad y con elegancia, no solamente la elegancia del vestir, que llegó a ser proverbial, sino la elegancia de la conducta, la elegancia con las relaciones humanas". 

También aludió a sus defectos "¿qué ciudad no los tiene?" se preguntaba y seguidamente precisó "aquella exagerada división de clases engendró acontecimientos cómicos y también acontecimientos dramáticos". Agregó "entonces nuestra mente estaba configurada de manera muy particular. He contado muchas veces como en los portales de la calle Real, donde pasábamos nuestras horas de libertad en las tardes interminables de lluvia, en vez del nombre de Pepita y Marujita, se hablaba de logaritmos, integrales y diferenciales. Los niños de Ferrol sabían matemáticas y quizás en este saber radique toda su grandeza". 

GTB, como antes lo hiciera el ingeniero y marino catalán, ferrolano de adopción Andrés Avelino Comerma, cantó asimismo las excelencias de la ingeniería y mano de obra reflejada en los grandes barcos. "Mi padre- relataba el pregonero- que estuvo en América, en el acorazado "España" me contaba que una avería que tuvo el buque en Chile hubo de ser reparada en Panamá y allí asombró aquel buque a los ingenieros navales americanos que decían "si un barco nuestro, un acorazado Missisipi, hubiera recibido este golpe se hubiera partido". Redondeaba su panegírico "los trabajadores del Arsenal eran unos trabajadores de artesanía y nosotros, los que éramos un poco rebeldes sentíamos el orgullo de pertenecer a una ciudad en donde se hacía esto y tan bien". Para terminar, Torrente Ballester invocaba la necesidad de un doble clima social: la disciplina de la matemática y la imaginación del poeta. Resaltó la fortuna fabulosa que España había de pagar en "royalties" "porque no inventábamos y que nuestra autonomía la conseguiremos contra aquello de que "inventen ellos". No, nosotros tenemos que inventar de todo. Galicia es un país de gente imaginativa y Ferrol cuenta con muchachos imaginativos".