domingo, 28 de julio de 2013

Tiempos pretéritos


A la derecha, Francisco Valle Romero, que recibe la
visita del entonces alcalde José María López Ramón,
(a la izquierda) en la delegación de Canalejas
Si bien es verdad que el Diario de Ferrol va conmigo en los dentros de los adentros que diría el médico escritor y poeta Álvaro Paradela (1911-1979), no es menos cierto que en mi trayectoria profesional tiene un peso significado otro medio hacia el que a veces vuelvo la mirada embargada de nostalgia y entrañables recuerdos. No en vano fue La Voz de Galicia, en la que "milité" durantes dieciséis años (1983-1999) la cabecera en la que maduré profesionalmente, después de las experiencias de Ferrol Diario y la dirección de la delegación del Faro de Vigo en Ferrol. Además, La Voz de Galicia fue el primer periódico que me "fichó" como corresponsal y el primer periódico en el que se me hizo una entrevista con motivo de ser yo el secretario de la sociedad Club Asociación de Covas, Esmelle y Marmancón, cuando aún no había cumplido los veinte años. Y recuerdo hoy a este medio porque se van a cumplir sesenta años (1953) en el mes de noviembre de la inauguración de la sede de la delegación en Ferrol, la primera que tuvo La Voz de Galicia. Era entonces alcalde José M. Alcántara Rocafort. Luego vendrían otras trece delegaciones más, si la memoria no me falla. Era a la sazón el delegado Francisco Valle Romero, ya fallecido. Y fue precisamente en esta delegación de Canalejas (Magdalena) 82, bajo, en donde ingresé en marzo de 1983 cuando la plantilla estaba compuesta por Consuelo Caruncho, José Varela, que más tarde sería delegado, su hermano Francisco Varela y Manolo Beceiro. Por allí tuvo un paso efímero, procedente del Ferrol Diario, el hoy director del ABC, Bieito Rubido, vacante que creo que cubrió el que esto escribe. Como digo, la "disculpa" de estas líneas es la efeméride del sesenta aniversario de la puesta en marcha de la delegación de La Voz de Galicia en Ferrol. La sede se trasladaría luego a la calle Rubalcava mientras se recorrían posibles y mejores locales para acabar en la que todavía hoy está en vigor en un entresuelo del Cantón de Molins con entrada por la llamada calle del Olvido. ¡Tiempos pretéritos!