viernes, 14 de marzo de 2025

La ronda a las Pepitas podría hundir sus raíces en el siglo XVI, frente a la versión más extendida que data el hecho a finales del XIX

 


Con este hago el número cien de los artículos o colaboraciones englobadas en el título de “Curiosidades Ferrolanas”, sección Historia, que se publica semanalmente en el suplemento Nordesía. Atrás queda aquel “Chamorro, del siglo XVII al XXI”, en doble página, con el que arrancaba el 9 de abril de 2023.

Al tratarse de un número redondo pensé en un trabajo especial, no en la forma, sí en el tema, algo que fuese muy nuestro. Habida cuenta de que todo lo que abordo en las “Curiosidades”, guarda relación directa con Ferrol, no se presentaba tarea fácil así que, después de darle unas cuantas vueltas, me quedé con un acontecimiento próximo en el tiempo y, además, único en el mundo, al menos que se sepa hasta ahora, como es el fenómeno social, cultural, artístico y tradicional de la ronda a las Pepitas en la noche del 18 de marzo.

Y lo celebramos con un titular rompedor, mejor dicho, provocador, si se tiene en cuenta que la generalidad de autores y estudiosos sitúan el origen de la ronda en el último tercio del siglo XIX.

Abro paréntesis, para darme un poco de autobombo, ya que, a lo largo de estos cien artículos, se dieron incluso algunas “novedades”. Se cayó algún “dogma” como que el arroz con leche no fue una idea del clérigo ferrolano Fernández Varela, sino que, incluso, la costumbre data de mucho antes de que naciera este o que el poeta Luis Sipos no era ferrolano sino natural de Viveiro (Lugo) o que la Sociedad Filarmónica Ferrolana se funda en el año 1919 y no en 1949, por citar ejemplos. Pues, vamos al grano.

“Ya en el siglo XVI, en la época del burgo antiguo, antes de que hubiese surgido el barrio de la Magdalena, los ferrolanos del siglo XVI y XVII salían en la noche de San José a cantarle a las mozas solteras coplas medievales acompañadas de vihuelas y zambombas. La costumbre hecha tradición siguió adelante en el siglo XVIII cuando las vihuelas se transformaron en flautas dulces, guitarras y violines y que el fenómeno tomó cuerpo en el siglo XIX merced a la inercia popular”.

Y ¿quién dice esto?, ¿Cuál es la fuente en la que bebo? Nada menos que la firma del periodista, poeta, cronista oficial de la ciudad, el recordado amigo y entrañable maestro de periodistas de mi época, Mario Couceiro, que abordó el asunto en el Ferrol Diario hace ahora precisamente cincuenta años.

Segunda versión 

Como acabamos de ver, Marius también hace referencia a esa segunda versión que sitúa el origen de la ronda en el siglo XIX “en el que nuestros abuelos volvían con algún dinero de Cuba y un bello terno de alpaca, junto con canciones ultramarinas en las que “según las letras más comunes el amor estaba representado por una paloma torcaz”. Añade el ilustre cronista que de todo aquel bagaje importado nos quedamos de manera especial con la habanera, pero también el vals, los danzones, las polkas y las baladas gallegas “sutilmente traducidas al castellano”.

Tirando de su sapiencia y aguda ironía, matiza “Si la segunda versión es la cierta, la tradición de nuestras canciones data de los últimos ochenta/noventa años (Mario escribe esto en 1975) y ha sido importada desde nuestra última colonia americana”. Parece quedar claro, que nuestra fuente se inclina, sin demasiados disfraces en el lenguaje, por la primera versión. Para el debate queda una cuestión de orden cronológico.

Es así que Juan José Rodríguez de los Ríos, un gran melómano, nacido y criado en un ambiente familiar de gran colorido musical, en “Ferrol en noche de ronda” al abordar el origen de las rondallas escribe: […] ”Paralelamente a las sociedades de recreo Tertulia de Confianza -hoy Casino Ferrolano- y la ya citada Liceo de Artesanos, se iban formando grupos de amigos que, preferentemente, se reunían en barberías - donde no faltaba una guitarra colgada de la pared- en las que se entonaban letras con músicas populares. Los grupos que se congregaban en los citados establecimientos iban a tener ocasión de mostrar el resultado de aquellas horas ensayando las canciones, agrupándose en rondallas para ofrecer sus cantos a las mujeres amadas y -posiblemente- sin proponérselo entonces, dar origen a una de las representaciones corales de mayor aceptación popular en Ferrol; La Noche de las Pepitas”. […] Estamos en las últimas décadas del siglo XIX y los incipientes cantores e instrumentistas eran en su mayoría trabajadores de la construcción naval. En ese tiempo el nombre de Josefa estaba bastante extendido entre las familias y novias de aquellos. Sin lugar a duda, alguien relacionado con el movimiento musical propuso rondar y entonar la serenata en la tarde-noche anterior al festivo para descansar y volver al trabajo al día siguiente”. Ahí queda el peculiar relato del origen de la Noche de las Pepitas, según De los Ríos.

Matiz importante

Hay un matiz importante que abordar a la hora de tratar el origen de la ronda, que extraigo de periódicos antiguos y que recojo en un artículo publicado en mi blog “deferrolparaelmundo.blogspot.com” “Acotaciones de un ferrolés”: […]  Si revisamos periódicos de antaño y hablo de la tan citada última década del siglo XIX, las crónicas señalan que "varias murgas recorrieron anoche la población hasta hora bastante avanzada obsequiando a los Pepes y Pepas que están hoy de días" (El Correo Gallego año 1887). Es importante el matiz.  A la sazón, los agasajos se repartían por igual.

Este artículo fue publicado en el suplemento Nordesía de Diario de Ferrol el 09-03-2025

 

 

 


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